Cartas de Amor        
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Adorada Muñequita:

Cuando al eclipsar la tarde de cielo pardo y pertinaz llovizna, que humedece el desgastado adoquín y a ella, en silencio, se suma el llanto que brota de mis ojos, lagrimas de la vid, ácidas no tan dulces; el transito pausado de mis recuerdos recorren las huellas que algún día no muy atrás, dejamos por estas mismas callejuelas, tu y yo. Gratos momentos a mi memoria acosan, instantes de felicidad eterna que vivimos, ilusiones y anhelos, complicidades y promesas, todas, todas ellas van llegando, reviviendo la esperanza o destrozando aún más, mi corazón.

Te acuerdas del barcito aquel donde al calor de un café, me dijiste Te Amo por primera vez, o del viejo campanario de la iglesia donde te bese una y otra vez. Y del parque con su fuente en piedra y las iridiscentes flores que formaban su vergel, las mismas que yo cortaba para adornar tu sien y eran ellas las que vida tomaban al acariciar tu piel; o tal vez del árbol aquel, centenaria Ceiba, donde nuestros nombres grabé. Recordaras como yo, el hotelito famoso de la calle del arroyuelo, donde entre sábanas de seda, el amor hicimos por primera y única vez; o de pronto la casona a la salida del pueblo, donde solíamos ir, a robar de sus frutales, para sentir de tu boca el sabor de la fruta fresca, calmando yo esa sed que tu presencia me enseña.

Recuerdas tú la casita, esa pintada de blanco, de rustico tejado español, con su balcón hacia la calle muy cerca de su portón; esa, la misma que tu querías y en la que viviríamos los dos.

Todo, todo eso sigue allí, esperando la presencia de quienes compartimos sus colores, formas, aromas, sabores, sensaciones; lastima que te hayas ido, lastima que ya no estés, muñequita consentida.

Cierto que soy pobre y con riquezas materiales no cuento, pero aquellas, las de los sentimientos, esas de donde viste nacer y crecer mi amor por ti, las que te obsequiaron la luna, las que te dieron luz con los rayos del sol, las que te abrigaron en las noches de invierno, las que fuiste descubriendo en cada beso, en cada amanecer, en cada pétalo, en cada aspiración del aire... esas, muñequita, son las que yo poseo y hoy se esfuman en la vorágine del tiempo, con mi pasado, con mis recuerdos, contigo, las mismas que tu te llevaste,
dejando mi corazón en absoluta pobreza.

Siempre tuyo,

©2006 Autor: Guillermo Cano
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